Cerdá y RicoUna de las salas de exposiciones del Museo Histórico Municipal (Palacio de Benamejí) de Écija acoge desde este pesado 15 de octubre, la exposición del undécimo Certamen Internacional de Fotografía Cerdá y Rico, que tiene como objetivo el difundir el arte fotográfico y homenajear la figura del Dr. Arturo Cerdá y Rico, por su labor social y por la riqueza que culturalmente ha aportado al conocimiento de Sierra Mágina y de sus gentes.

Arturo Cerdá y Rico nace en Monóvar el 10 de octubre de 1844 en una familia de acomodados comerciantes y propietarios de fincas rústicas, cursó la carrera de Medicina en la facultad de San Carlos de Madrid, sus años universitarios los compagina con estudios de Bellas Artes en la Escuela Superior de Pintura y Escultura.

Quiso el destino que hacia 1871 viajara desde Cox, donde ejercía como médico titular, a Cabra del Santo Cristo, para atender a un hermano gravemente enfermo, que desarrollaba negocios industriales por la provincia de Jaén, y conoció a Rosario Serrano Caro, hija de una notable familia de hacendados, con la que se uniría en matrimonio, en 1872, fijando su residencia en Cabra donde ejerce su profesión de médico y administra las haciendas de su propiedad que compagina con su afición a la fotografía, a la que se dedica con verdadera pasión. Su preferencia técnica era sobre todo la fotografía estereoscópica, también trató otras técnicas como las autocromas de los Lumière, siendo uno de los pioneros de la fotografía en color.

La condición de amateur le reportaría a Cerdá una absoluta libertad de acción, trata estilos fotográficos distintos tales como el pictorialismo, la fotografía directa, y el reportaje gráfico, se interesó vivamente por la influencia de la pintura en la fotografía, y por la moda orientalista de la época, etc…, pues no estaba condicionado a las exigencias de la clientela. El hecho de que él fotografiara para deleite suyo y por extensión para el de su círculo más íntimo, le permitió experimentar y bucear en las nuevas tendencias fotográficas, de las que estaba tan bien informado.

Se dio cuenta de la importancia que la fotografía tenía desde el punto de vista cultural y etnográfico, antropológico, a diferencia de otros fotógrafos de su tiempo, que se quedaron en aspectos meramente artísticos del arte fotográfico. Cerdá insistió en retratar el pueblo llano en sus quehaceres más cotidianos con la obsesión de fijar con su máquina el instante preciso y concreto, a veces componiendo verdaderos cuadros impresionistas, costumbristas, y otras componiendo escenas de un finísimo humor, sus fotografías superan con creces, por su técnica, pulsión emotiva y fuerza narrativa visual, a las de cualquier otro operador en el ámbito nacional.

Colaboró en muchas publicaciones, sobre todo con la revista giennense Don Lope de Sosa que publicó muchos de sus trabajos, la revista londinense Photograms of the Year, y las españolas La Fotografía, Graphos Ilustrado, Photos, La Fotografía Ilustrada, etc.