Recientemente hemos leído la noticia de que  nuestro  Ayuntamiento pretende que se declare a la Ciudad  de Écija como Patrimonio de la Humanidad. Un Proyecto en la que el Consistorio Astigitano, según se dice, lleva trabajando desde hace tiempo, y se aspira a que el conjunto de las Torres Barrocas de la Ciudad tengan la consideración de Patrimonio de la Humanidad.

El próximo día  28 de Junio se va a cumplir cien años del fallecimiento de Manuel Ostos y Ostos, hijo ilustre de la ciudad, con cuyo fin la Asociación de Amigos de Écija va a organizar diferentes actos culturales. Natural de Écija,   nació el 28 de julio de 1867, era hijo de padres desconocidos. Fue bautizado en la Parroquia  de Santa Cruz, por el presbítero  Modesto del Castillo, el día 30 de julio de 1867 y se le pone el nombre de Manuel Antonio de Jesús. Es acogido, posteriormente, por Juan Bautista Ostos y Espada y Ramona Ostos Carmona,  sus padres adoptivos.  Gracias a  ellos recibe una selecta educación  en la  que no  escatimaron medios.

En esta bella panorámica parcial de la plaza de España de nuestra ciudad se puede contemplar, en primer término a la izquierda, uno de los cuatro artísticos quioscos que se encontraban ubicados en cada esquina. Si las actuales generaciones aún lamentan la destrucción del templete de la música, idéntico sentimiento generó en la población la desaparición de los populares quioscos.

Concluida la guerra civil se inician tímidamente algunos planes de viviendas sociales de iniciativa pública, que llevarona cabo los extinguidos organismos; Instituto Nacional de la Vivienda, Obra Sindical del Hogar, Administración del Patrimonio Social y Urbano, Dirección General de Regiones Devastadas, Delegación Nacional de Sindicatos y también otros de iniciativa municipal.

Los cumpleaños son motivos para celebraciones. El cumpleaños al que me voy a referir no es, para el que el que le escribe y también para muchos ecijanos, motivo de celebración sino todo lo contrario. El pasado mes de marzo se  cumplió 15 años de la venta de un retablo  del siglo XVIII procedente del Convento de Santa Florentina de Écija a la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Salud, conocida en Sevilla como los Gitanos  lo  que significó la pérdida, otra más, de una pieza importante del rico patrimonio artístico de la ciudad de Écija.