Cuando yo estaba destinado en Málaga, un amigo mío, avezado ya en años y en experiencias de todo tipo, me dijo en cierta ocasión: El ser humano se cansa y sacia de todo, de hombres y mujeres, del juego, de la bebida, de juergas, de todo, menos de... dinero. Y digo esto porque no han sido pocos los casos de corrupción que han acaecido en los últimos tiempos en esta patria nuestra (los que se han descubierto, que algunos habrán quedado en ignorado paradero, digo yo), pero como todo, es cíclico ello y digo esto porque ya que en el año de 1923 y relacionado con Écija concretamente, aparece una noticia publicada en el diario extremeño El Correo de la Mañana, del jueves 14 de junio de 1923 que dice así:

El Casino de Artesanos es el más antiguo de la población y cuenta con más de un siglo de existencia. Es modelo de casino entre los de su clase, contando con bellas instalaciones, magnífico salón de fiestas, rica biblioteca y un teatro que, durante algún tiempo, se utilizaba para dar funciones teatrales por el cuadro artístico de la propia sociedad.

En el mes de Marzo del presente año de 2016, me pide mi joven amigo, Manolo Gómez García, como miembro de la Junta de Gobierno de la Hermandad de Nuestra Señora del Valle Coronada, colaboración para el boletín anual de la Hermandad.

Comenzamos este capítulo, cuando estamos a las puertas de que se marche el tan famoso verano ecijano, con una noticia aparecida en El Turolense de 8 de Junio de 1890, donde se recogía, dentro de las poblaciones más importantes de España, existían solamente cincuenta y seis poblaciones mayores de 20.000 habitantes, y entre ellas se encontraba nuestra Ciudad de Écija, que contaba a dicha fecha con 23.615 habitantes, siendo el único pueblo de la provincia de Sevilla que pasaba de los citados 20.000 habitantes, sin contar la propia capital que tenía a la citada fecha un número de 143.182 habitantes.

A unos dos kilómetros río arriba, en la carretera de Écija a Herrera, en un remanso tranquilo del río Genil, que tenía las condiciones ideales para el baño, encontraron los ecijanos durante varios años un lugar delicioso para combatir las altas temperaturas de los meses de estío. El ambiente era grato y casi hogareño.