Empezamos este capítulo, en el mes de Octubre, precisamente uno de los meses más importantes para los católicos de Écija, pues celebramos el mes del Rosario, en el que tanta importancia tuvo el dominico ecijano Fray José María Peralta, y como quiera que ya mismo empezamos la recogida de aceitunas (el que tenga olivares, que yo solo tengo las envasadas en latas que compro o las que me regalan aliñadas, rayadas, partidas, etc.), sin olvidar que Écija, era la población mundial del aceite en los siglos anteriores, con más de doscientos molinos, encuentro un artículo, precioso, editado en La Ilustración Artística de 23 de Mayo de 1904, número 1.169, titulado Aceitunas y aceituneros de J. Gestoso y Pérez, en el que se menciona a Écija, en el siguiente particular:

Este nuevo capítulo de hechos y noticias, lo voy a encabezar con un desagradable incidente, acaecido en nuestra Ciudad el mes de Septiembre de 1890, que hirió gravemente la sensibilidad y los sentimientos católicos de los ecijanos y del que se hicieron eco los periódicos de la época. Lo encontramos publicado en La Fidelidad Castellana de 22 de Septiembre de 1890 y dice así:

Cuando yo estaba destinado en Málaga, un amigo mío, avezado ya en años y en experiencias de todo tipo, me dijo en cierta ocasión: El ser humano se cansa y sacia de todo, de hombres y mujeres, del juego, de la bebida, de juergas, de todo, menos de... dinero. Y digo esto porque no han sido pocos los casos de corrupción que han acaecido en los últimos tiempos en esta patria nuestra (los que se han descubierto, que algunos habrán quedado en ignorado paradero, digo yo), pero como todo, es cíclico ello y digo esto porque ya que en el año de 1923 y relacionado con Écija concretamente, aparece una noticia publicada en el diario extremeño El Correo de la Mañana, del jueves 14 de junio de 1923 que dice así:

En el mes de Marzo del presente año de 2016, me pide mi joven amigo, Manolo Gómez García, como miembro de la Junta de Gobierno de la Hermandad de Nuestra Señora del Valle Coronada, colaboración para el boletín anual de la Hermandad.

Comenzamos este capítulo, cuando estamos a las puertas de que se marche el tan famoso verano ecijano, con una noticia aparecida en El Turolense de 8 de Junio de 1890, donde se recogía, dentro de las poblaciones más importantes de España, existían solamente cincuenta y seis poblaciones mayores de 20.000 habitantes, y entre ellas se encontraba nuestra Ciudad de Écija, que contaba a dicha fecha con 23.615 habitantes, siendo el único pueblo de la provincia de Sevilla que pasaba de los citados 20.000 habitantes, sin contar la propia capital que tenía a la citada fecha un número de 143.182 habitantes.