Cuando estuve preparando para su publicación, lo que se tituló El Cronicón Ecijano , me causó sorpresa algunas decisiones de los sacerdotes, dimanantes de no serle reconocidos a alguno de ellos, los privilegios que tenían, ya fuere por su antigüedad o por el cargo que ostentaban, aunque ello, siguiendo con la lectura posterior de muchas notas encontradas, dejara de ser sorpresa por las diferencias que existía entre los miembros del propio clero ecijano, ya fuere por una u otra circunstancia.

Entre los numerosos documentos que tengo y notas sobre ecijanos que destacaron en algún hecho de relevancia, me encontré con una pequeña biografía de Pedro Fernández Guzmán, que dice así:

Dentro de las publicaciones que he realizado hasta el día de hoy, relativas al ecijano Juan N. Díaz Custodio, aparecía la participación que tuvo, por sus conocimientos de electricidad, en la exhibición aérea que en los días 23 y 24 de Septiembre de 1912, feria de San Mateo, se celebraría en el Cercado de la Misericordia (hoy dependencias del Depósito de Recría y Doma).

Nació en Écija el día 25 de Agosto de 1849, hijo de José María López y Carracedo, natural de Sevilla y de María del Amparo López y Bonal, natural de Écija, casada en segundas nupcias; nieto por línea paterna de Andrés López de Carracedo, natural de Badajoz y de María del Rosario Sánchez, natural de San Fernando (Cádiz) y por línea materna de Antonio López, natural de Potes (Santander) y de María de las Mercedes Bonal, natural de Écija. Fue bautizado en la Parroquia Mayor de Santa Cruz de Écija (Libro 77 de Bautismos).

La vida teatral en Écija se remonta al siglo XVII, concretamente al año de 1617, cuando el Cabildo de la Ciudad se planteó la necesidad de edificar una “Casa de Comedias”. Los miembros de la corporación, diputados, que fueron nombrados para dicho encargo, compraron unas casas en la calle de los Arquillos, comenzando las obras que finalizaron en el año de 1621, ampliándose dos años más tarde. En el de 1767 se plantearon cubrir el patio, cuyas obras finalizaron en 1772. El edificio se asemejaba a los Corrales de Comedias castellanos (nos puede servir de ejemplo el Corral de Comedias de Almagro (Ciudad Real) a que se contrae la fotografía adjunta), y tenía 12 varas de alto, tres pisos sostenidos por pilares dobles, armadura de cubrición del patio con vuelta esférica y otros. En las últimas décadas del siglo XVIII, dada la ruina que presentaba el edificio no pudo repararse por la crisis económica en la que estaba inmersa el consistorio municipal ecijano.