LAS CRUCESRetomo nuevamente las publicaciones del ecijano Benito Mas y Prat, porque es un placer hacerlo y compartirlo. Al hilo de la que le toca hoy, no creo que haya un pueblo como el andaluz nuestro, que sepa más de cruces que nosotros, los andaluces, porque de siempre hemos estado ligados, una amplia mayoría, a la cruz y su simbología. Desde la Semana Santa, pasando por las cruces de Mayo hasta llegar al campo santo donde reposan los cuerpos de nuestros antepasados, siempre está presente en nosotros la cruz, esa cruz donde el Hijo de Dios hecho hombre, para nosotros los cristianos, entregó su vida por la humanidad.

Esa cruz, que para los cristianos es un árbol de salvación y que, algunas interpretaciones místicas interpretan, que la porción vertical representa la divinidad de Jesús y la horizontal su humanidad. Con independencia de la creencia de cada uno, de ello va el artículo maravilloso que nos dejó nuestro paisano Benito Mas y Prat, allá el año de 1881, que es lo que recupero en esta ocasión, titulado:

LAS CRUCES.
HISTORIA, TRADICIÓN Y COSTUMBRES.
I.

Ocultándose en los subterráneos de los primeros siglos; perdiéndose en las nubes con los campanarios de la Edad Media; rompiendo los ángulos de los edificios del Renacimiento; poblando, en fin, las suntuosas necrópolis de los tiempos modernos, se escalonan las cruces en torno nuestro y perpetúan la tradición cristiana a través de los siglos y de las generaciones. El pueblo, que ama entrañablemente los símbolos y halla en la cruz un grato venero de misterios, parece complacerse en prodigarlas, y se rodea de ellas hasta el punto de considerarlas parte integrante de su existencia. Las lleva sobre los hombros durante ciertas ceremonias religiosas, las clava, las pinta o las abre en los muros de sus habitaciones, y las cubre de lámparas y florecillas en las alegres mañanas de Mayo en las tristes noches del mes de los muertos.

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