CANTARES DE MI TIERRAEl vasto y amplio conocimiento que el ecijano Benito Mas y Prat, tenía sobre el costumbrismo andaluz en todos sus aspectos, urbano y rural, cofrade y ferial, del pueblo y para el pueblo, coplas populares y flamencas y un sinfín de cuestiones, que a lo largo de los artículos que hasta ahora he recuperado y los que, Dios mediante, vendrán, nos demuestran la categoría literaria, como he dicho en otras ocasiones, de tan ilustre personaje.

Uno de sus artículos, titulado CANTARES DE MI TIERRA, que en dos partes publicó en La Ilustración Española y Americana, en números del 30 de Julio y 8 de Agosto de 1886, es el que sigue a continuación:

 

CANTARES DE MI TIERRA.
I

Los folk-loristas prestan un gran servicio a las letras recogiendo las piedras preciosas de la musa popular, y aunque para engarzarlas o montarlas es indispensable la criba del buen gusto, hemos e convenir en que han hecho inútil la amarga queja personificada ingeniosamente en aquel herrero que vestía perlas de cobre.

Labor ímproba es la de estos amantes de las tradiciones del pueblo y, fuera de los casos en que les deslumbra el cristal de roca y la prosaica lenteja herida por la luz, siempre el joyero de las letras patrias se enriquece con valiosas adquisiciones.

Sin la constancia y la paciencia de mi buen amigo el ilustrado coleccionista andaluz D. Francisco Rodríguez Marín, no hubiera podido yo, seguramente, presentar en mi humilde escaparate el precioso surtido de ágatas, corales, ópalos, turquesas, rubíes, zafiros, perlas y diamantes rosas que ha de deslumbrar la retina de aquellos a quienes plazca recorrer los apretados estuches de estos renglones. Fernán Caballero, Lafuente Alcántara y losque a estos precedieron, no lograron reunir ni suma tan valiosa ni ejemplares tan libres de máculas eruditas y otras opacidades; los ocho mil y tantos cantares de que consta la colección que tengo a la vista1 son un verdadero tesoro del saber popular, digno de encerrarse en las Torres Bermejas o en los ocultos sótanos donde el judío Don Çag guardaba las joyas que no vio jamás el sabio rey D. Alonso.

Leer más... o descargar en formato PDF.


Compartir: