Semana Santa de SevillaVarios fueron los artículos que, sobre la Semana Santa de Sevilla, escribió el ecijano Benito Mas y Prat. Conocedor amplio de las tradiciones andaluzas y entre ellas las de la capital hispalense, fueron varios los años que dejó sobre el papel de las revistas y periódicos de la época, sus conocimientos y vivencias sobre dicha Semana Santa sevillana, y este que a continuación transcribo, publicados en La Ilustración Española y Americana, de los días 30 de Marzo y 8 de Abril de 1885, fue uno de ellos, titulado:

PASOS Y MISTERIOS DE SEMANA SANTA.

I.

¿QUIEN no conoce los Pasos y Misterios de las cofradías de Semana Santa en Sevilla? ¿Quién no ha presenciado con admiración el desfile de esas andas decoradas fastuosamente, de esos grupos de imágenes vestidas con inusitado lujo, de esos palios y doseles, en fin, en los que se derrocha el oro, y es cosa de poca monta el tisú, el brocado y el terciopelo?

Cuando los extranjeros asisten a las fiestas religiosas de Sevilla comprenden hasta que punto llega el fervor y el orgullo de este pueblo, todo fantasía y pasión, que odia y venera del mismo modo, y que con la misma facilidad vacía sus bolsillos para adornar a sus tutelares, que derrama la sangre de sus venas para que no huellen su suelo plantas profanas.

El andaluz, que bajo el punto de vista de la iconolatría se diferencia tanto del árabe, conserva, sin embargo, los caracteres distintivos de este en lo que al aparato y a la pompa oriental se refiere. En las romerías, en las verbenas, en las fiestas populares, hace ostentación de la riqueza de sus vestidos; gusta de cubrir de rasos, terciopelos y piedras preciosas a las Vírgenes y a sus mujeres, y suele haber mujer o Virgen que luce joyas semejantes a aquel célebre collar de esmeraldas llamado de las lentejas, que perteneció a la esposa de Mahomet-Amir, y fue heredado por la favorita de Abderramán II.

Ya en otras ocasiones1 he dado detalles del valor inmenso que alcanzan las túnicas, mantos y paños bordados de oro, de las imágenes andaluzas, los palios y doseles que las cobijan y la multitud de preciosos objetos complementarios que decoran los Misterios o Pasos. Cada año crecen en número y valía, y en el presente se han bordado dos nuevos palios costosísimos, el uno para la piadosa Hermandad de Nuestro Padre Jesús de la Pasión, de la parroquia del Salvador y el otro para la de Nuestro Padre de las Tres Caídas, de la iglesia parroquial de San Isidoro.

Para darse cuenta de cómo han llegado a formarse estos Pasos o Misterios, hay que hacer un prolijo estudio iconológico, que se remonta a la época de los iconoclastas. León III, el Isauro, emperador bizantino fue el primero que mandó poner en alto las imágenes, para evitar que los devotos enfermos las manoseasen y raspasen solicitando curas milagrosas. El retablo, pues, parece ser de origen bizantino; la mayor parte de las estatuas del politeísmo se alzaron sobre pedestales y al alcance de la mano, excepción hecha de algunas, como la gran Minerva del Parthenon.

Las andas que llevaban en sus procesiones los primitivos cristianos eran bajas y semejantes a angarillas cubiertas de paño, soportando casi siempre una sola figura, la cual quedaba en los descansos tocando tierra. Aunque después, acaso por motivos idénticos a los que dieron origen al retablo oriental, estas andas se levantaron a la altura del hombro de los conductores, no pudieron dar nunca el verdadero Paso o Misterio que hoy conocemos, supuesto que en ellos no es ya la imagen lo que se trata de ostentar y poner de relieve, sino escenas y pasajes completos de su vida y milagros.

Más probable parece que estos grupos de figuras bíblicas sean una reminiscencia de las representaciones religiosas ó autos sacramentales tan comunes en los siglos XVI y XVII y que no fueron en último caso más que Pasos representados del Antiguo y Nuevo Testamento. En efecto, uno de los asuntos favoritos de estos autos sacramentales era la caída y redención del hombre, siendo Adán, Eva y la serpiente los personajes obligados en este género de farsas religiosas.

Buscando en las cofradías de aldeas y pueblos pequeños rastros de esta derivación, hallamos que en cierto pueblo de la Mancha, de cuyo nombre no quiere el autor acordarse, sale el Miércoles Santo una muy curiosa procesión, en la que se representa el Paraíso terrenal, sin que falten nuestros primeros padres, ni el enroscado animalito que puso asechanzas al calcañar rosado de la mujer primera.

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