indias occidentalesComienzo, conforme a las definiciones del diccionario del Real Diccionario de la Academia Española, diciendo que Oidor, era la denominación de los jueces miembros de las Reales Audiencias o Cancillerías, tribunales colegiados originarios de Castilla, que se convirtieron en los máximos órganos de justicia dentro del Imperio español. Su nombre proviene de su obligación de escuchar (oír) a las partes en un proceso judicial, particularmente durante la fase de alegatos.

Pues bien, Écija, en la fecha que nos ocupa y designados por el Reino de España, tuvo el privilegio de contar con dos oidores en las Indias Occidentales.

Comienzo con ANTONIO DE VILLACRECES Y AGUILAR. Nació en Écija, siendo bautizado el día 27 de Marzo de 1566 en la Parroquia de Santa María, hijo de Francisco de Villacreces y Juana de Aguilar, siendo padrino Don Miguel de Eraso (Libro de Bautismos 6, página 231, Parroquia de Santa María).

El Ldo. Andrés Florido, cuando publica en 1632 su libro Grandezas de Écija, Adición al libro de Écija y sus Santos, igualmente fecha cercana a la de vivencia del ecijano que nos ocupa, recogida dentro del capítulo titulado: También Écija es grande por los varones que en santidad, religión y letras ha producido, sección quinta: Catedráticos y maestros, oidores y colegiales, escribe:

“…Allá en las Indias tenemos dos oidores de excelentes prendas (el otro a que se refiere Florido es Antonio Fernández Montiel de quien escribimos más adelante), que por ser tan grandes letrados subieron al puesto que habemos dicho, sin subir muchos escalones.

El uno D. Antonio de Villacreces y Aguilar, oidor de Guatemala; los renombres tan conocidos dicen quién es, fue hijo del letrado de más estima que en su tiempo se conoció…”.

Inicio la reseña biográfica sobre este ecijano, que llevo el nombre de la Ciudad que le vio nacer a las Indias Occidentales, en esta ocasión a Guadalajara de la Nueva Galicia, diciendo que:

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