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Entre los numerosos documentos que tengo y notas sobre ecijanos que destacaron en algún hecho de relevancia, me encontré con una pequeña biografía de Pedro Fernández Guzmán, que dice así:

Nacido en Écija el día 30 de Junio de 1657, el que, a los pocos años, entró de acólito de coro en la catedral de Murcia, donde aprendió a cantar y tocó el arpa. Más tarde desempeñó el oficio de enfermero en el Hospital de Granada, siendo admitido posteriormente como médico en una compañía de cómicos de la lengua. Por motivos de piedad había abandonado esta nueva profesión, cuando ocurrió su religiosa y patriótica aventura con la imagen de Nuestra Señora de Europa.

Durante nueve años la tuvo a su cuidado en casa de don Diego Simón Vázquez, vecino de Madrid y luego, viendo que lo de Gibraltar no se componía, la entregó a referida Comunidad de Religiosas, las cuales recibieron a la devota imagen celebrando una función de desagravio, en la que predicó el R. Padre Maestro Fray Manuel Garro, de la Orden de Santo Domingo y predicador de Su Majestad, tocando la capilla de las Descalzas Reales. El hermano Pedro murió el 24 de Mayo de 1720, después de recibir la profesión de lego benedictino, en el Convento de San Martín, en cuya iglesia fue enterrado ( Diario de Córdoba . Viernes 23 de Abril de 1915. Manuel Vidal).

Con los anteriores datos, comencé la búsqueda del hecho al que se refería dicha reseña biográfica. Encontré lo relativo al Convento o Monasterio de San Martín, el cual según la bibliografía ( Madrid Histórico ), nos dice que fue fundado como un priorato dependiente del monasterio de Santo Domingo de Silos, podemos decir que la abadía benedictina de San Martín fue el primer convento construido en Madrid, si bien en un principio, su vida transcurrió independientemente de las autoridades de la villa.

A pesar de que diversos cronistas sostienen un origen mozárabe, el primer dato que tenemos sobre la existencia de San Martín de Mayrit es de 1126, año en el que el rey Alfonso VII le concede facultad para poblar el arrabal de su mismo nombre. Dicho arrabal se encontraba fuera del recinto de la villa, en las inmediaciones de la puerta de Balnadú, por lo que estrictamente hablando, en un principio -tal y como anteriormente apuntamos- el convento no dependía de la jurisdicción de la villa.

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