la saga de Los RabanillosVoy a empezar, como es lógico por dar el parte médico, pues mi Secretario (desde que se metieron los sindicatos por medio) tiene vacaciones en agosto y no puede encargarse de ello. Por cierto, que hoy hace 45 años que tomé posesión de mi puesto en el Juzgado de Instrucción de Vélez-Málaga, que fue mi primer destino y tiene huevos la cosa, en 45 años no me he dado de baja un solo día, pues una vez que tuve un pinzamiento en la espalda que me dejó encamado unos días, me pilló de vacaciones y ahora que llevo seis meses jubilado, he recibido una cornada, como dice mi amigo El Ecijano, de las grandes.

Pero bueno, vamos al parte médico. El análisis de la biopsia llegó ayer, nada de metástasis, tumor identificado como primario, nada más en todo mi organismo, pero como quiera que el tumor es de los calificados agresivos, paso a manos del oncólogo, con el que ya tengo cita para el próximo 29 de Agosto a las 18,30 en Córdoba, que será el que decida el tratamiento a recibir y vamos para delante, que hay en el mundo quien está en peores condiciones y no se queja y yo que tengo algunos artículos preparados para ustedes, no puedo dejar de mandarlos.

El de hoy, es un homenaje a quien, como torero, dejó su vida en una pequeña plaza de la provincia de Ávila, como fue Lorenzo Lucena y que también sucedió en un mes de agosto, pero en el año 1962 y que, junto a sus padres y hermanos, era casi familia de la mía y que hoy le recuerdo con este artículo:

Por mis vecinos, amigos y casi familia, la saga de Los Rabanillos.

Después de algún tiempo seleccionando varias noticias periodísticas, vuelvo a la senda de aportarlas, en pleno mes de Agosto, en cuyo mes, debido al calor, todavía me deja menos tiempo para descansar, pero ya está el cuerpo acostumbrado, año tras año la misma cantinela; así es Écija y por ende los que en su suelo patrio residimos. Pero vayamos al grano y voy a dedicar este capítulo, creo que casi completo (ya lo veré cuando lo termine), a una tragedia taurina que viví personalmente por mi relación de vecindad, amistad y casi familiar, que nos unía a todos los que en aquella fecha vivíamos en el llamado barrio de los gitanos, con la familia de los Rabanillos.

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