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Vamos al lío. Escribí el miércoles pasado, cuando regresé de Córdoba, en tránsito para Sevilla, donde ingreso mañana lunes, que cuando volviese de la capital hispalense, retomaría mi senda ecijanista. Pero como quiera que han sido cinco largos días en espera, he preferido hacer algo y tener la mente despejada.

En primer lugar mi agradecimiento a todos; no habrá un ecijano, como yo, por el que se haya pedido más en esta ciudad a los Dios, Cristos y Vírgenes ecijanas; no habrá un teléfono, dos o tres, emails, wasaps, etc., que no se hayan se hayan preocupado por mí, etc. Oiga, en estos días que tanto criticamos la falta de valores, Écija, lo tienes bien puestos, pero no lo digo hacia mí, sino que cuando te toca a cada uno, es cuando lo atestigua.

Pero le voy a contar una noticia y que me ha dado una alegría impresionante. Yo cuando estoy en el club Las Palmeras con nietos Sergio y Jesús, siempre llevo algo para los niños, y sobre todo, les estoy colocado unos tatuajes como que los que de moda han ido poniendo los futbolistas. Eso es que a los niños les encantas. Pues dos de sus visitas a mi casa en estos días, han sido mi amigo Martín y José, 3 y 4 aproximadamente, diciéndome que se le habían borrado el tatuaje y que tenía que volver al club para ponerle uno grande. Y los demás, no han venido a verme por lo que los padres no me han querido que me pusiera causar molestias.

Grande estos niños, que, con la inocencia de su edad, te insuflan la solidaridad, amistad, cariño y estima que te tienen. Eso no tiene precio, el reconocimiento de su propio pueblo. Pero como yo quiero tener un reconocimiento, quiero dedicarlo a la mujer ecijana.

Mire, para mí, a lo largo de mi vida, han sido dos a las mujeres que más he querido y las seguiré queriendo; una, mi madre, bendita madre y la otra, mi mujer, bendita mujer (el posesivo es que no me acostumbro, todavía, a decir compañera, pareja, etc.), pues han sido esas dos columnas que han estado sujetándome en todas las facetas de mi vida, sin olvidar, por supuesto, a mis hermanos de doble vinculo (que bien escribo), políticos, mi hijos, nietos, sobrinos, etc., que, para igual que muchos de ustedes lo será, lo mío no es una familia, sino que un clan y en el que nos educamos, con pobreza, pero una felicidad absoluta, desde una educación religiosa, solidaria y formativa; por eso, lo mejor que estos días, para que llegue a ustedes mientras me esperan (se vayan a creer que me voy a quedar en Sevilla, que esta una cuarenta minutos), es la historia de dos mujeres ecijanas, con varios siglos de diferencia, una, dedicada a Dios y a otra, a la enseñanza, que como todos los ecijanos, llevaron el nombre de nuestra ciudad más allá de nuestras murallas.

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