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JUAN RUIZNo podía falta a mi artículo semanal. Estaba esperando en el hospital de San Juan de Dios de Córdoba (que por cierto me han tratado en todos sus recursos de forma inmejorable) y que como me han dado unos días de tratamiento, hasta el martes día 1 de Agosto en que me someta a lo operaciones en Sevilla, pues me digo, no pueden faltar a mis seguidores me artículos ecijanos pues por mientras pueda. Por cierto, un agradecimiento muy especial, a mi amigo y ecijanista, al Dr. Don Pablo Martínez Benítez, que me salvó la vida, enviándome con los síntomas que presenta a clínica.

Ya el próximo de los artículos, será cuando vuelva, que espero sea pronto.

No todos los ecijanos que, a lo largo de mis publicaciones y artículos, tras las correspondientes investigaciones, he hecho relato de los mismos, fueron famosos o importantes por sus hechos religiosos, de armas, en las letras y otros. En el caso que nos ocupa, se trata de Juan Ruiz Ruiz, quien por sus ideas políticas y la imputación que le hicieron en el episodio que más adelante relataremos, fue conocido y con ello propagó el nombre de la ciudad que le vio nacer.

Nació en Écija, sobre el año 1847, hijo de Juan Ruiz y María Ruiz, pero la coincidencia de iguales apellidos en otros nacidos en dicho año así como en el anterior y posterior, nos impiden identificar plenamente su inscripción bautismal, conociendo los datos que aportamos, de los propios documentos a los que en adelante haremos mención, teniendo en cuenta que, cuando ocurrieron los hechos, que le llevaron a la historia, contaba 36 años de edad.

Maestro sin titulación, regentaba una pequeña escuela rural en Alcornocalejo, perteneciente a la localidad de San José del Valle (Cádiz), donde enseñaba a leer y escribir a los hijos de los jornaleros, al tiempo que les hablaba de la armonía universal y de que cualquier propiedad que no fuera para uso personal era un robo, conseguida por la explotación de los que no tienen nada excepto su fuerza de trabajo. Para poder vivir el, su compañera María y tres hijos, criaba animales y cultivaba un pequeño huerto, ya que las familias de sus alumnos apenas podían pagarle unas pocas monedas. La escuela servía también como lugar de reunión de los jornaleros, donde se leían los periódicos sociales y donde se exponían y explicaban las ideas emancipatorias de la Internacional.

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