torre de santa maríaEl 10 de octubre de 1990, se firma en Sevilla un protocolo para la restauración y rehabilitación del conjunto de torres y espadañas así como la iluminación de las mismas. En dicho protocolo intervienen de una parte Juan Manuel Suárez Japón, en su calidad de consejero de Cultura y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, y de otra, Fernando Martínez Ramos, en calidad de Alcalde del Ayuntamiento de Écija.

En dicho documento las partes reconocían “que las torres son en la ciudad de Écija uno de los elementos más característicos y definitorios de su arquitectura. De fundación antigua la mayoría de ellas fueron renovadas en el siglo XVIII conforme a la estética de barroco aunque manteniendo cada una su carácter singular”  En uno de los párrafos del documento se puede leer: “Con el transcurso del tiempo, tanto torres como espadañas, han venido sufriendo un deterioro cierto, llegando, en algunos casos, a amenazar ruina. Por ello, la Consejería de Cultura y Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Écija, conscientes de la importancia que supone la conservación de estos monumentos arquitectónicos, acuerdan, mediante el presente protocolo cooperar entre sí para la realización de un programa de restauración y rehabilitación de las torres y espadañas de la ciudad”.  (Convenio firmado en Sevilla, con fecha 10 de octubre de 1990).

La Asociación de Amigos de Écija anuncia el inicio de acciones judiciales contra la Junta de Andalucía por incumplimiento del protocolo. La Delegada Provincial María Isabel Montaño, manifiesta en ABC que si la “Asociación quiere denunciar a alguien por la no restauración de las torres y espadañas, lo haga a la Iglesia que es la propietaria”. Y más adelante manifiesta que lo que firmó la consejería fue un protocolo. “Este no es un convenio ni obliga a nada, simplemente refleja una voluntad. El protocolo a que se refiere la asociación esta finiquitado porque su vigencia de dos años ya ha finalizado” La delegada provincial cae en un grave error, pues como todo el mundo sabe las torres de las Gemelas son propiedad pública y, por lo tanto, no corresponde a la Iglesia su restauración. Más todavía: en uno de los párrafos del documento firmado por el Consejero y el Alcalde aparece textualmente. “A tal fin y para articular jurídicamente este programa ambas partes se emplazan a la firma de un convenio de colaboración: una vez aprobada la ley del presupuesto de la Comunidad Autónoma de Andalucía de 1991. ” (Noticias municipales de Écija. http//www.ecija.org, y ABC de Sevilla, 27 de septiembre de 2001)

Ante esta noticia, el alcalde de Écija también sale al paso del tema y según recoge el diario ABC la primera autoridad municipal, considera que “son las instituciones y la Iglesia de forma conjunta las que deben buscar soluciones para la restauración de las torres y espadañas astigitanas, y pide mucha paciencia la Asociación de Amigos de Écija ante la denuncia de ésta por el incumplimiento del protocolo suscrito hace once años”  A raíz de estas manifestaciones, Amigos de Écija da un paso y más y solicita de la administración que el conjunto de torres y espadañas sea declarado Bien de Interés Cultural (BIC). (Véase ABC de Sevilla 28 de septiembre 2001, 4 febrero 2003 y, 4 de abril 2004)

Y el día 24 de junio del 2014, día de San Juan Bautista, a las 17.47 horas un rayo alcanzó a la torre izquierda del templo, lo que provocó la caída de numerosos cascotes a la plaza, si bien no hubo que lamentar desgracias personales, ha dejado daños de bastante consideración. El rayo impactado sobre la torre no ha hecho sino que agravar el mal estado de las torres que ya estaban catalogadas como “en ruina total”.

El próximo mes de octubre se van a cumplir 24 años de la firma del protocolo suscrito entre la Consejería de Cultura y el Ayuntamiento de Écija. Si bien es cierto que se ejecutaron obras en algunos campanarios (la torre de San Gil fue restaurada por el párroco de San Gil), otras torres como las de Santa María, Santo Domingo y las Gemelas esperan con urgencia la ejecución de las obras tan necesarias como imprescindibles para que el monumental conjunto de torres y espadañas brille con luz propia.


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