SEMANA SANTA EN SEVILLA.Seguimos con el segundo, cuando falta un día para la entrada del otoño, de los cuatro artículos que he recuperado sobre la Semana Santa de Sevilla, que dejó publicado en La Ilustración Española y Americana, el ecijano Benito Mas y Prat, en los años 1886, 1887, 1888 y 1889 respectivamente, que doy a la luz por separado, ilustrándonos con todos y cada uno de ellos, como era la Semana Santa hispalense, bajo el prisma y conocimiento de ella que tenía el escritor y poeta astigitano.

SEMANA SANTA EN SEVILLA.

Primavera. Palmas y cierros. Las bordaduras de mantos.
Visitas de Pasos. S. P. Q. R. Las cruces.

I.
PRIMAVERA.

Hay algo que llama al viajero a las márgenes del Betis, cuando se ha realizado el misterio del equinoccio, cuando se han cubierto de estrellitas blancas las ramas descarnadas de los damascos y los almendros, cuando han empezado las violetas a llenar los cestos de los floreros de la calle de las Sierpes y a cubrirse de tiestos de colores los terrados de las casas de nuestros dos barrios flamencos.

Ese algo es sin duda el cielo azul y deslumbrador, que es como la antítesis del cielo de Londres; la animación de las fiestas, que se unen en esa época y que, antitéticas a su vez, ofrecen ora la melancolía de las meditaciones cristianas, ora la alegría y el desenfreno de las ferias y solemnidades del paganismo; ese algo es, en fin, la belleza de nuestro suelo, la gracia de nuestras mujeres, lo templado y agradable de nuestro clima, “la sal de María Santísima”, como me decía el año pasado un yankee, haciendo un estropajo de su lengua.

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