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Juan Muñoz, la vocación no tiene edad.
A sus 65 años, el diestro no se corta la coleta y confiesa que le haría mucha ilusión volver a La Malagueta.
Camino
de los 66 años, al diestro Juan Muñoz no le supuso ningún problema el
pasado mes de julio enfundarse el traje de luces y dar la alternativa,
en la plaza de toros de Benalmádena, a Antonio Pérez, un joven torero.
Juan cortó dos orejas y salió a hombros.
Parte de la
simpatía que irradia este ecijano (aunque nacido en Fuentes de
Andalucía, Sevilla) quizás provenga de que está saboreando con creces
una vocación taurina que le surgió con 9 años, cuando vio la famosa
película Currito de la Cruz, «y en el recreo del colegio, en vez de
jugar a otra cosa, jugábamos a los toros».
Años más tarde
llegarían las escapadas nocturnas con dos amigos para, después de hacer
30 kilómetros en bici, torear a la luz de la luna y como modelos,
maestros como Gitanillo de Triana, Antonio Ordóñez o Antonio
Bienvenida. «Me gusta mucho torear con el capote», confiesa.
Estos
días disfruta de la Feria taurina de Málaga junto a María Luisa Martín,
su mujer, porque fue en La Malagueta donde tuvo su primera gran
oportunidad, en 1964.
«Acompañé a Palmeño que acudía a
torear a La Malagueta y estando en el tendido me dijeron que a ver
cuándo me iban a ver toreando en la plaza, entonces un señor que había
detrás me preguntó si quería torear porque conocía mucho al empresario
de la plaza». Ese señor era Antonio Aranda, de la churrería Aranda, que
cumplió su palabra y el 1 de septiembre le llamó para decirle que
toreaba el día 8 de septiembre en Mijas. «Y a partir de ahí toreé
muchísimas novilladas en la Costa», cuenta. Tanto trabajó en Málaga,
que fijó en nuestra ciudad su residencia, donde estaría hasta 1977.
Precisamente
en 1964 conoció a otro gran amigo, a José Manuel Pérez-Estrada, hermano
del escritor, y gran aficionado, además de una forma muy curiosa:
«Choqué con un taxi que se metió por la izquierda, busqué un abogado y
era él», comenta. La amistad ha seguido durante 40 años entre los dos
matrimonios y la pasada tarde, en Benalmádena, Juan Muñoz brindó el
toro a Cristina Caffarena, la mujer de José Manuel.
El
torero recuerda en sus comienzos una tarde en la plaza de toros de
Pamplona (después de coger el expreso Costa del Sol y enlazar con
Zaragoza) en la que cortó cuatro orejas, para satisfacción del ganadero
José Quesada, quien le apoyó mucho. «A mi regreso a Málaga estaba en el
restaurante La Alegría más ancho que alto».
Su alternativa,
que se la iba a dar Curro Romero en el 72, se pospuso al año siguiente,
fecha de su boda, por una cogida del maestro y finalmente fue El
Monaguillo quien le dio la alternativa.
Cuenta en Écija con
una calle a su nombre porque este hombre afable nunca se ha opuesto a
participar en una festival benéfico. En 1999, tras pasar con éxito su
mujer una grave enfermedad, hizo la promesa de torear y mató cuatro
toros a beneficio del asilo de ancianos de Écija. Tres años más tarde,
en la misma plaza toreó con seis maestros más en activo, todos de su
pueblo, entre ellos Jaime Ostos y los hermanos José Antonio y Tomás
Campuzano.
Conserva de su primera novillada en Málaga una
cicatriz en el puño, que le arregló el famoso médico Horacio Oliva: «Me
corté el tendón con la banderilla pero cogí la muleta, toreé, y lo
maté», recuerda, mientras destaca que el médico le fue dando
puntaditas, mientras fumaba un puro.
Para Juan Muñoz, el
público de La Malagueta «entiende de toros» y se le iluminan los ojos
cuando expresa su deseo de volver a torear en la plaza donde creció
como torero. «Mientras que Dios quiera, está uno aquí», y por supuesto,
sonríe.
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Fecha: 18 Agosto 2010
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| Fuente: LA OPINIÓN DE MÁLAGA - ALFONSO VÁZQUEZ |
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