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El Cristo de la Salud sale en procesión.
Dos
años después de su última salida, en 2007, el Cristo de la Salud y
Nuestra Señora de los Dolores abrieron la tarde del Miércoles Santo y
los días grandes de la Semana Santa de Écija. La corporación, que puede
presumir de ser la que más devociones aglutina, se quedó sin salir el
año pasado por culpa del mal tiempo.
Quizá por llevar dos
años esperando, los cofrades de San Gil vivieron la tarde de ayer con
más intensidad si cabe. Los hermanos del Cristo de la Salud se saben
miembros de una de las cofradías más importantes de la ciudad. En gran
parte por la advocación, a la que los vecinos encomiendan su salud y la
de sus familiares, y gustan de decir que la de San Gil “es diferente a
todas porque tiene una responsabilidad muy grande: sacar en procesión
al señor de Écija”, en palabras Sergio Saldaña, que con sólo 27 años es
capataz del paso de la Coronación de Espinas, uno de los tres que salen
de la iglesia.
La relación de San Gil con la lluvia es rica
en anécdotas. De hecho, su puesta de largo como capataz tuvo lugar en
2005 y la procesión fue sorprendida por la lluvia cerca de la plaza de
Colón. Y en 2007, la amenaza de lluvia aconsejó a la junta directiva
retrasar una hora su salida. Finalmente no llovió.
El año
pasado, por primera vez en casi 40 años, no salió. Varios hermanos
dicen que porque el paso de misterio cambió su adorno floral de
claveles a lirios. Para este año tomaron nota: vuelta a los claveles y
salida con un sol propio de Écija.
La Salud supera los 2.000
hermanos. Pero su salida llega a sumar más del doble. Como cada
Miércoles Santo, centenares de ecijanos acompañaron al Cristo de San
Gil en su estación de penitencia, alumbrando el camino en lo que se
conoce como cera de devoción. Muchos llevaron cirios, otros cargaron
cruces de madera o arrastraron cadenas sujetas al tobillo, para dar
gracias a la talla gótica del Cristo de la Salud por su intercesión en
favor de una curación que sienten en sus carnes como milagrosa.
Esa
fila de penitentes es un ejemplo de la devoción que despierta el Cristo
de la Salud. Y hay más, que se cuentan en las múltiples anécdotas que
los fieles recuerdan cada Semana Santa. Como la que se refiere a las
azucenas de plata que sostienen al crucificado en su cruz, que
desaparecían durante nueve meses, robadas por embarazadas que se
acogían a su presunto poder curativo y luego eran devueltas. Los clavos
que el Cristo de la Salud lleva ahora son ya réplicas de estas piezas,
custodiadas en la iglesia de San Gil.
Una de las estampas más bellas que dejó la cofradía ayer en su estación de penitencia fue el paso frente al Palacio de Peñaflor.
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Fecha: 09/04/2009
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Fuente: EL CORREO DE ANDALUCÍA - Manuel Rodríguez |
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