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La ciudad homenajea a sus hijos.
Muchos
no hablaban porque la emoción no les dejaba, pero los más de 200 hijos
de Écija, emigrantes que se vieron obligados a abandonar la ciudad
siendo menores muchos de ellos, tenían muchas cosas que contarse y no
pocas historias que recordar.
Los emigrantes e hijos de
emigrantes, familiares de vecinos de Écija que querían ver la ciudad
donde nacieron sus padres, sus suegros o sus abuelos –que de todo
había– abarrotaron ayer el Palacio de Benamejí, la sede del Museo
Histórico que, para muchos, sigue siendo la comandancia, el cuartel
donde más de uno y de dos de los presentes igual tuvieron que hacer el
servicio militar obligatorio. “Esperamos que ninguno de ustedes tenga
un mal recuerdo porque fuera arrestado”, bromeó el concejal de Turismo,
José Joaquín González, en la recepción del I Encuentro de Hijos de
Écija.
El museo sigue siendo la comandancia para los
emigrantes y para muchos vecinos que superan los 60 años. Sólo que
muchos de los ecijanos que ayer se sentaron en el salón de actos del
museo no conocían otro uso del edificio que el militar. Y hoy ya saben
que el antiguo cuartel guarda ahora tesoros como la estatua de la
Amazona herida, otra novedad histórica encontrada bajo la plaza de
España y que muchos de ellos sólo conocían por referencias.
Sabiendo
esas novedades se vuelven hoy para sus hogares. O mejor dicho, se
vuelven para el sitio donde residen, porque viven fuera de Écija pero
siguen habitando la ciudad de las torres, que es lo mismo que decir que
es aquí donde tienen su hogar. Hay algunos que todavía se acuerdan
hasta de los motes por los que se conocía cada familia a mediados del
pasado siglo. Y también los hay que reconocen que han llorado cuando
han vuelto a ver el barrio donde nacieron.
cambios. El
alcalde, Juan Wic (PSOE), los saludó como “ecijanos que nunca dejaron
de serlo”. Delante de un auditorio repleto, el regidor manifestó: “Esta
ciudad está en deuda con vosotros”. Se refirió así a que el cambio de
lugar de residencia de los emocionados visitantes que tenía delante no
fue por gusto. “Salisteis de vuestras casas y de vuestro pueblo
empujados por la necesidad y abandonasteis la ciudad enfilando por el
caminillo de la estación de tren”, agregó. Otro lugar que recuerdan los
emigrantes pero que ya no es el que era: de hecho, Écija no tiene
estación de tren desde hace muchos años.
Muchos lloraron de
emoción antes del acto de bienvenida, antes incluso de pisar Écija,
cuando recibieron una llamada telefónica –algunos más al día,
tecnológicamente hablando, un correo electrónico– que les decía que iba
a haber un encuentro nacional e internacional organizado por el
Ayuntamiento de Écija que se acordaba de ellos para reunirles en el
pueblo del que se vieron obligados a salir hace más de medio siglo.
Y
eso que muchos de ellos vuelven de cuando en cuando a Écija. Otros
quieren volver a vivir los años que les queden en el pueblo que nunca
han olvidado. Pero tienen obligaciones en sus lugares de residencia. Y
tienen hijos, nietos, y parejas muchos de ellos, en sus lugares
habituales de residencia. En definitiva, tienen una vida hecha en el
lugar adonde se fueron.
El Ayuntamiento de Écija es el
promotor de esta iniciativa que se celebra todo el fin de semana con un
amplio programa y que se quiere convocar cada dos años. “Para que dé
tiempo a ponernos en contacto con todos”, explicó Félix Álvarez,
coordinador del área municipal de Turismo. “También queremos dar un
paso más y saltar el charco, ponernos en contacto con ecijanos que
viven en América, no sólo en Europa”, aventuró.
Entre los
que han vuelto a su ciudad este fin de semana los hay que vienen de
Logroño, de Badalona, de Leganés, de Madrid, de Palma de Mallorca, de
Arenys de Mar y de Sestao. También de más cerca: de Málaga, de
Algeciras, de Cádiz, de Benalmádena. De mucho más cerca aún, porque
algunos viven en Dos Hermanas, en Alcalá de Guadaíra y algunos han
venido incluso de la vecina población de La Luisiana.
Y
están los que vienen de muy lejos. De otro país, como los tres ecijanos
que han anunciado que vienen desde Valence (Francia), o los que habían
anunciado que iban a llegar a Écija desde Suiza o desde Inglaterra.
“Los ingleses no han llegado todavía”, lamentaba Félix Álvarez la noche
del viernes, en el acto de presentación, “porque han tenido un problema
de horarios con el avión que los trae”.
Eso sí, el mayor número de ecijanos de la diáspora acude desde Valencia.
En
concreto, desde Quart de Poblet. Son medio centenar que protagonizaron
la anécdota de la noche de la recepción el pasado viernes, cuando
entraron en el Palacio de Benamejí con el acto empezado y fueron
invitados por el alcalde a subir al estrado, junto a la mesa desde la
que los miembros del equipo de gobierno (PSOE) presidían el evento.
Durante
el día de ayer los invitados pudieron desayunar en la plaza de España,
muy distinta a como ellos la dejaron. Luego tocó una visita guiada por
la ciudad, que prácticamente todos encuentran “muy cambiada para mejor”
y donde “ahora sí que hay de todo”. Los emigrantes podrán volver a sus
casas en el resto de España diciendo que han estado en el Museo
Histórico y en la iglesia de Santiago, que han vuelto a ver la fachada
del emblemático palacio de Peñaflor y Santa Cruz con su nuevo Museo de
Arte Sacro.
Hoy, a las 10.00 horas, terminará el fin de
semana con una misa rociera cantada por el coro Nuestra Señora del
Valle de Quart de Poblet (hijos de emigrantes) y la entrega de diplomas
en la sala capitular de la casa consistorial a esos ciudadanos que
nunca han dejado de ser hijos de Écija.
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Fecha: 05/10/2008 |
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Fuente: EL CORREO DE ANDALUCÍA - MANUEL RODRIGUEZ |
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