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Morante y Talavante igualan
trofeos en su mano a mano en Écija.
En empate técnico quedó el mano a mano Morante-Talavante.
Una oreja y una oreja fue el balance numérico de trofeos
de un festejo con pobre resultado artístico. Y eso que
sobre el papel el cartel no era nada malo, sino más bien
todo lo contrario, y a pesar de que el francés Castella
era un atractivo aliciente para la tarde. Pero la cosa
quedó en tablas, si estuviéramos hablando de ajedrez.
Iguales, si fuera una crónica de tenis. Morante y
Talavante empataron en trofeos en Écija como ya lo
hicieron el domingo en Morón con dos orejas cada uno. En
sólo tres días ambos jóvenes se han medido en dos
ocasiones y ninguno se ha destacado en lo que a número
de trofeos se refiere.
La tarde de Écija fue una tarde rara, de lleno en los
tendidos, con agradable temperatura, plantel de toros y
toreros impecable, con todos los ingredientes para el
triunfo. Nada que ver. El festejo no remontó en ningún
momento y faltó emoción. En esta sensación influyó, por
supuesto, el juego del ganado de Zalduendo,
desigualmente presentado y con toros noblotes y mansotes
del que sólo se salvó el sexto aunque Talavante no
supiera aprovecharlo del todo. Fue a éste al que le
cortó la oreja después de un trasteo largo. El torero
siempre busca la verticalidad y la quietud, algo muy
loable y de agradecer, pero que no funciona siempre ni
con todos los toros. Pecó de ello en el segundo de la
tarde, astado soso como él solo, por lo que no conectó
con los tendidos en ningún momento. Tres cuartos de lo
mismo le ocurrió en el cuarto, Zalduendo que no
terminaba de humillar y con el que el torero fue
silenciado.
Los mejores muletazos de la tarde fueron sin duda de
Morante de la Puebla al tercero. En el centro del
anillo, el sevillano deleitó con una serie magnífica al
natural, trincherillas marca de la casa y toreo
abelmontado para rematar. Con el primero, muy flojo, el
de La Puebla no pudo hacer nada a pesar de que lo toreó
siempre con suavidad y dejó detalles de su particular
concepción de la tauromaquia.
Por esa misma concepción del toreo que tiene, abrevió
con el quinto de la tarde, un toro bronco que nada gustó
a Morante.
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