Fecha: 22/10/2005
Fuente: DIARIO DE SEVILLA


Un juicio tardío para un raro brote de tuberculosis en Écija.

Un juzgado de Sevilla inició ayer el juicio por un brote de tuberculosis por el consumo de leche contaminada y que afectó hace 11 años a casi un centenar de personas de la comarca de Écija. En el banquillo de los acusados se sientan el presidente de la extinta cooperativa ganadera de la localidad, Coega, y un trabajador de la empresa que participaba en el proceso de pasteurización y envasado en bolsas de la leche. Ambos se enfrentan a una petición de cuatro años de cárcel por un delito contra la salud pública y otros 23 delitos de lesiones, aunque el fiscal pide la absolución de los acusados al estimar que no incurrieron en delito.

De las 90 personas que en principio desarrollaron la enfermedad –denominada adenitis cervical tuberculosa, provocada por la bacteria mycobacterium bovis– sólo 23 continuaron ejerciendo la acusación en la vía penal, en la que reclaman unos 300.000 euros en indemnizaciones por las lesiones y secuelas que sufrieron. Una de las víctimas tuvo que someterse a una operación quirúrgica, al estimar los médicos que padecía cáncer, y la mayoría estuvieron en tratamiento durante más de un año.

En el proceso judicial también está representada la Junta de Andalucía, dado que las acusaciones consideran que es responsable civil subsidiaria del brote de tuberculosis, por la falta de vigilancia de los servicios sanitarios sobre la central lechera donde presuntamente se inició el contagio en el verano de 1994. La defensa de los dos imputados, que ejercen las abogadas María José Cánovas e Inmaculada Santa Cruz, ponen en cuestión que la epidemia tuviera como foco la leche envasada en Coega. Una buena parte del debate de la primera sesión del juicio se centró precisamente en si la leche cruda pudo mezclarse con la pasteurizada antes del envasado por un mal funcionamiento de una de las válvulas de la maquinaria empleada para destruir los microorganismos de la leche.

El veterinario que inspeccionó las instalaciones de Coega el 16 de septiembre de 1994 reflejó en el acta que el presidente de la cooperativa e imputado en el proceso, E. C. M. reconoció que se había producido una mezcla de la leche cruda con la pasteurizada debido a la rotura de una válvula de uno de los contenedores. Con anterioridad a esta inspección, el 1 de agosto, se había detectado un positivo por fosfatasa en uno de los análisis efectuados a la leche envasada. La fosfatasa, según explicó el inspector, es una encima que cuando se encuentra en la leche revela una mala pasteurización.

El veterinario ratificó en la vista oral sus anteriores declaraciones judiciales, en las que había asegurado que el brote de tuberculosis detectado en la comarca de Écija y que afectó a vecinos de varias localidades próximas, fue provocado por la fosfotasa. El testigo trató de justificar la inexistencia de informes de inspección a la cooperativa antes del 16 de septiembre –incluido el 1 de agosto, cuando se detectó el positivo– asegurando que en aquella época no se levantaba acta si no se detectaba ninguna anomalía, e insistió en las "sospechas" del mal funcionamiento de la válvula como causa del brote.

La defensa argumentó que resultaba imposible desde un punto de vista puramente físico que se pudiera producir una mezcla entre la leche cruda y la que ya estaba pasteurizada para su envasado, porque a pesar de un hipotético fallo de la válvula la leche cruda no podría retornar al tanque de envasado al no disponer de impulso.

El que fuera presidente de la cooperativa, E. C. M., negó que dijera algo al inspector sobre la rotura de la válvula y añadió que se enteró del brote cuando aparecieron las noticias en televisión. El otro acusado, M. G. R., se mostró completamente "seguro" de que la leche que había dado positivo en fosfotasa el 1 de agosto no llegó a ser comercializada entre los consumidores.