| Fecha: 20/09/2004 |
Fuente: EL
PERIODICO DE ÉCIJA |
Éxito rotundo de la XXVIII Noche
Flamenca, con actuaciones de gran calidad.
Ni los artistas ni el público defraudaron en la
XXVIII Noche Flamenca de Écija.
La Plaza de Toros se abrió la noche del pasado sábado
para acoger la XXVIII Noche Flamenca de Écija,
que tras cinco años de paréntesis devolvía a
la ciudad la preeminencia de un arte que es
esencia de lo andaluz y por ende de los ecijanos.
Un festival que se cerró con un gran éxito,
tanto por la calidad de los artistas y su
generosa entrega como por el buen número de
aficionados que respondieron a la cita, en torno
a mil trescientas personas.
Un festival conducido por Manolo Curao, de Canal
Sur Televisión, que se inició al filo de las
diez y media de la noche con las guitarras de
Manolo Franco y Salvador Gutiérrez, que hicieron
su particular homenaje a Paco de Lucía tras ser
distinguido éste con el Premio Asturias.
Inmediatamente después, subió al escenario José
de la Tomasa, que obtuviera su primer contrato
como profesional hace muchos años precisamente
en Écija. Acompañado por el toque de Manolo
Franco, desplegó con su profunda voz tarantos y
cantes de la Alameda, para recalar por alegrías
en uno de los momentos más álgidos, rematando
su actuación con fandangos.
A continuación llenó el coso de Pinichi la
gitana voz de Manuel Moneo. Un cantaor que hizo
honor a su estirpe jerezana, brindando soleas,
seguirillas, fandangos -muy aplaudidos por el público-
y por último bulerías con su inconfundible
sabor y duende, poniendo al público en pié.
Tras el cantaor jerezano, que estuvo acompañado
a la guitarra por su hijo Juan, llegaron los
aires de Cádiz de la mano de Calixto Sánchez,
que volvió a demostrar por qué es uno de los
cantaores con más compás y profundidad, dotado
de un gracejo que puso al público hilarante,
elevando el tono alegre de la noche. Acompañado
por el toque de Salvador Gutiérrez, al cual llevó
loco el cantaor, la plaza se llenó de unos
primeros sones por tangos, para pasar a las
soleas, recalar en las alegrías, prodigarse por
tanguillos y poner colofón por bulerías,
mostrando un contraste que fue riqueza para
quienes tuvieron la suerte de darse cita esa
noche en el coso de Pinichi.
Con el público puesto en pie despidiendo a Chano
Lobato, llegó el momento del homenaje. En
concreto a dos de los fundadores y promotores de
esta Noche Flamenca de Écija, Francisco Torres
de los Reyes y Anselmo Cruz Serrano, y al alcalde
que la puso en marcha, Joaquín de Soto Ceballo.
Acto que inició el presentador de la velada, señalando
que es de bien nacidos ser agradecidos,
añadiendo que el flamenco es la manera más
genuina de representar a los andaluces, de ahí
que fueran merecedores los fundadores de este
festival de recibir el reconocimiento de todos.
Inmediatamente después, ocupó el estrado del
escenario Paco Rodríguez, coordinador del
Consejo Asesor del Flamenco y por ende de este
festival, que glosó las personalidades de los
homenajeados, dos de ellos a título póstumo.
A continuación subió al escenario el hijo de
Joaquín de Soto Ceballos, que recordó que su
padre promovió desde la alcaldía el festival en
el año 1962; para proseguir con la presencia de
Anselmo Cruz, écijano de pro aunque nacido en
Mairena del Alcor, que vertió a través de una
poesía sus sentimientos. Por último, ocupó el
escenario una de las hijas del malogrado
Francisco Torres de los Reyes, que acompañada
por uno de sus nietos a la guitarra tuvo palabras
y poemas para glosar la figura del homenajeado,
todo ello en un acto muy emotivo y en el que el
alcalde hizo entrega de las insignias de la
ciudad y de una estatuilla de la Torre de Santa
María a cada uno de los representantes y
homenajeados, destacando en su parlamento la
importancia de esta noche en la que se recuperaba
el festival tras años de parón, añadiendo que
no era sino un nuevo inicio para conseguir metas
aún más importantes para promocionar el
flamenco.
Tras un descanso para retocar el escenario y
facilitar el asueto del numeroso público, se
retomó el festival con la presencia en las
tablas del bailaor Antonio El Pipa y su cuadro
flamenco, en el que destacó la figura de su tía
Juana. Unos artistas jerezanos que elevaron la
temperatura en el coso, generosos en el esfuerzo
y demostrando el por qué de la fama que tiene
este joven bailaor llamado a muchas
satisfacciones, que limpió de polvo el escenario.
A continuación fue el turno de Calixto Sánchez,
que llevó al silencio de toda la plaza al
arrancar su actuación sin el acompañamiento de
la guitarra de Manolo Franco al interpretar una
profunda saeta. Luego alegrías, seguirillas y
fandangos, siempre con entrega y esa capacidad de
interpretar el quejío flamenco de esta maestro
por partida doble, por su profesión y por su
oficio. Por último la noche se vistió de gala
de la mano de Carmen Linares. La jienense, auténtica
primera dama del flamenco actual, arrancó con
una delicioso cante por cantiñas, para tomar
rumbo con un tema entremezclado de malagueñas,
fandango y rondeñas, tomando aire para brindar
unas magníficas soleas y rematar con unas bulerías
sin pega. Y por si fuera poco, a continuación
todos los artistas subieron al escenario para el
fin de fiesta, poniendose colofón a la noche a
las cuatro menos cuarto de la noche, con la
satisfacción general de todos los presentes.
Puerta grande para el festival.
Festival de altura para una afición que pide más
La recuperación de la Noche Flamenca de Écija,
tras varios años sin celebrarse, es un buen síntoma
de que el flamenco, aunque tocado en su línea de
flotación, todavía tiene futuro en la ciudad y
sin caer en los modernismos que están
degenerando este arte tan propio del pueblo
andaluz.
Écija cuenta con una muy amplia base social que
reclama este tipo de espectáculos de calidad,
con artistas puristas. Mientras televisiones,
radios y prensa se vuelcan con la nueva ola de
flamenquitos, se necesita desde las instituciones
que se apoye al auténtico cante jondo. En este
caso, ha sido el Ayuntamiento, con una importante
subvención de la Diputación Provincial de
Sevilla, la que ha posibilitado este evento, que
si bien lo más seguro es que no haya generado
beneficio económico alguno, si ha demostrado que
el dinero de todos debe ser para favorecer lo que
son demandas populares y raíces culturales que
no deben extinguirse. Es más, sin duda se corto
que la ciudad sólo pueda disfrutar de este tipo
de espectáculos una vez al año, por lo que se
debería primar la línea de colaboración con
las peñas, auténticos garantes hoy en día de
la pureza del flamenco. |
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