Fecha: 27/02/2004 Fuente: ANDALUCIA 24 HORAS

Cultura concluye la restauración de la orfebrería procesional de la Virgen de la Soledad de Écija.

La Consejería de Cultura, a través del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH), ha concluido la intervención de restauración-conservación del excepcional conjunto de obras de orfebrería, compuesto por las piezas Ráfaga, Corona y Media Luna, que acompañan a la Virgen de la Soledad de la Hermandad del Santo Entierro de Écija (Sevilla).

Las piezas conforman un impactante conjunto tanto en las dependencias eclesiales de la imagen que las porta como en su anual salida procesional, pues responden a un sentido estético propio de la segunda mitad del XVIII en el que el efectismo barroco teatral está muy desarrollado en el prisma religioso, algo que acentúa el valor ejemplarizante de esta tipología de obras.

Además de sus valores etnológicos e históricos, el conjunto del ajuar procesional de la Virgen de la Soledad ofrece unos claros valores artísticos. La documentada labra de las piezas -aparecen sellados casi todos los elementos de plata que conforman la integridad de las obras- se debe a uno de los mayores orfebres de la historia andaluza, el cordobés Damián de Castro (+1793), quien afronta una de sus etapas de mayor actividad en la sevillana localidad de Écija entre los años 1760 y 1775 al auspicio del Marqués de Peñaflor.

De esa estancia destacan los encargos de la Hermandad del Santo Entierro, para la que, además de las piezas ahora restauradas, realiza un juego de seis faroles de plata paradigmáticos para la historia de las cofradías en Andalucía y el ajuar de lámparas y apliques de la capilla sacramental, todo en el mismo año (1765) y gracias a su poderoso taller.

Labradas en plata de ley, las piezas forjadas y fundidas muestran una gran maestría del autor en la ejecución por la minuciosidad del repujado y el dominio de la densidad de las láminas de plata en los volúmenes. Estilísticamente la obra está claramente marcada por el gusto afrancesado de rocalla, muy acentuado en el último tercio del XVIII en España.

Las piezas presentan así reproducciones de formas arriñonadas voluptuosas con labra interna que se anteponen en ritmo, lo que afirma la cadencia en general de las piezas; todo ello se conjuga con formas figurativas de cabezas de ángeles en la Ráfaga y emblemas de la Pasión de Cristo en la Media Luna. Una y otra pieza alcanzan una dimensión que, aumentada por la sensación de ritmo de la decoración y el contraste de luces en los volúmenes, rodea a la imagen mariana de un halo casi sobrenatural.

Las obras se construyen a partir de varias piezas que se ensamblan unas a otras, lo que pone de manifiesto la gran habilidad técnica del momento para resolver problemas de tipo mecánico. No son menos sorprendentes los soportes y refuerzos estructurales que presentan las obras, tanto por la diversidad de materiales como por su diseño. La luna presenta así alma de madera; la ráfaga, de hierro forjado y la corona, de alpaca. El compendio de propiedades mencionadas hace de este singular conjunto un ejemplo sin precedentes dentro de la orfebrería andaluza.

En el momento de su recepción en el I.A.P.H, el estado de las obras era muy alarmante. Los problemas no se limitaban a la pérdida de lectura a nivel superficial, sino que las obras sufrían serios problemas de estabilidad provenientes de su estructura. Como problemas menores, hay que señalar las deformaciones de gravedad que presentaban todas las obras, las innumerables grietas y las pérdidas materiales.

Los criterios adoptados en la intervención han seguido los principios actuales que rigen las actuaciones de conservación-restauración, teniendo como principal objetivo la conservación del original, sin olvidar la funcionalidad de la obra y la necesidad de mejorar sus características estéticas para la correcta lectura de la misma.

La intervención se ha llevado a cabo por un equipo interdisciplinar en el que, además de los responsables de los estudios históricos y analíticos, se ha contado con la presencia de un maestro orfebre y un técnico restaurador. El tiempo de intervención ha sido de un año y el coste ha ascendido a 24.000 euros.