| Fecha: 24/04/2004 |
Fuente: CANAL
SUR / ÉCIJA NOTICIAS |
La esposa de "El Pere" acusa al juez
Martín Salinas del retraso en la localización
de su marido.
El banderillero ecijano de 39 años Antonio Pérez
"El Pere", ingresado en la UCI del
Hospital Reina Sofía de Córdoba desde el lunes,
continúa en situación estacionaria, después de
que sufriera un accidente de tráfico el pasado
viernes.
Así se lo comunicaron a la esposa del
banderillero ecijano, Consuelo Soto, los
facultativos que le atienden en la UCI, mediante
el parte médico, en el que se afirma que "según
pasen las horas se irá viendo su evolución,
aunque hasta hoy sólo queda esperar, confiando
en la buena disposición física que tiene el
paciente". Antonio Pérez "El Pere"
sufrió un accidente de automóvil hace seis días,
permaneciendo dentro del mismo más de 48 horas
en coma, hasta que fue encontrado y trasladado al
Hospital Reina Sofía de Córdoba.
La esposa del banderillero explicó el martes que
su marido "salió el viernes de madrugada,
sobre las 4.00 horas, hacia Madrid, a la Sastrería
de Fermín, para preparar su vestuario para la
temporada que comienza y el accidente tuvo lugar
20 minutos después, a 50 kilómetros de Ecija y
a uno del Hospital Universitario Reina Sofía de
Córdoba", donde Antonio Pérez permanece
ingresado desde el lunes.
Hoy mismo, la esposa ha hecho público un largo
comunicado en el que acusa directamente a Emilio
José Martín Salinas, Juez del Juzgado de
Primera instancia e Instrucción número 2 de Écija
de haber impedido la localización mediante el
teléfono móvil, lo que retraso su atención médica.
En este duro comunicado se señala todo el
tormento físico que sugrió el herido hasta que
fue localizado y el esfuerzo que sus familiares y
amigos hicieron por buscarlo.
Comunicado de Prensa de Consuelo de Soto Medina
para agradecer a los medios de comunicación su
colaboración en la búsqueda de su marido Don
Antonio Pérez Pérez
Comunicado de Prensa de Consuelo de Soto Medina
para agradecer a los medios de comunicación su
colaboración en la búsqueda de su marido Don
Antonio Pérez Pérez y para poner de manifiesto
las circunstancias que rodearon dicha búsqueda y
su localización.
En primer lugar quiero agradecer a todos los
medios de comunicación que informaron sobre la
desaparición de mi marido desde pocas horas
posteriores a la denuncia que interpuse en
Comisaria de La Policía Nacional de Écija y
hasta su localización.
También quiero que tengan conocimiento de los
siguientes hechos:
El día quince de este mes mi marido me dijo que
en la madrugada del día siguiente iría a Madrid
con el fin de que en la Sastrería Fermín le
arreglasen un capote y encargar otros. Salió de
nuestra casa sobre las cuatro horas treinta
minutos del día dieciséis, comunicándome que
intentaría volver a casa para almorzar. A las
diecinueve horas y extrañada porque no me
hubiera avisado, le telefoneé en varias
ocasiones sin que en ninguna de ellas, atendiera
mis llamadas. Telefoneé a varios de sus amigos y
les pregunté si tenían conocimiento de que
hubiese vuelto de Madrid, respondiéndome todos
negativamente. A media noche, y no sin antes
haber intentado ponerme en contacto con él
varias veces a través del teléfono, me acosté
intranquila y temiendo que le hubiese pasado algo
grave.
A la mañana siguiente, es decir, el sábado
diecisiete, nada más despertar, intenté ponerme
nuevamente en contacto con él y al no coger el
teléfono, tuve la certeza de que le había
pasado algo que le impedía volver a casa en
contra de su voluntad. Imaginé que le podía
haber pasado cualquier cosa, pero todas con el
denominador común de la gravedad. Inmediatamente
me puse en contacto con uno de sus mejores
amigos, Enrique Beta, y telefoneamos a todos los
amigos comunes y a su maestro Manuel Díaz "El
Cordobés" por si sabían donde estaba. La
respuesta fue siempre la misma: no sabían nada
de él. En la sastrería nos comunicaron que no
había estado allí.
Inmediatamente nos dirigimos al cuartel de la
Guardia Civil de Écija, y telefoneé a mi
hermano Juan Pedro, abogado de profesión, para
que nos acompañara. Nos remitieron al subsector
de tráfico. Tras varias consultas informáticas
y telefónicas, nos dijeron que no constaba ningún
accidente en el que estuviese implicado su vehículo
y, tampoco, se había tramitado ningún parte de
siniestro por parte de la Cía Aseguradora. Lejos
de tranquilizarnos, esta noticia nos hizo pensar
que la situación era muy grave; teníamos la
certeza de que a mi marido le había pasado algo
tan preocupante que le impedía, por fuerza
mayor, contestar a su teléfono o llamarme para
decirme donde estaba.
En la Guardia Civil nos comunicaron que las
denuncias por desaparición eran competencia de
la Policía Nacional y allí me personé, acompañada
por mi hermano. A las 13 horas y 12 minutos del sábado
día 17 presente la denuncia por desaparición de
mi marido. El agente que recogió la denuncia nos
anunció que inmediatamente, vía telemática, se
ponía en conocimiento de todas las comisarias de
España la desaparición y se inspeccionarían
los márgenes de la carretera entre Écija y
Madrid, para ver si se encontraba accidentado en
un lugar no visible desde la misma carretera.
También se me pidió que comprobase si había
movido dinero de las cuentas corrientes
constatando, mediante una tarjeta y una cartilla
de ahorro, que no había sacado nada.
Tras poner la denuncia, localizamos a varios
amigos, todos tan preocupados como nosotros;
conscientes de la gravedad de la situación,
decidimos que varios coches llegaran hasta
Madrid, distribuyéndose el camino por tramos e
inspeccionando la totalidad de los aparcamientos
de los establecimientos que se encontraran al
margen de la carretera y las zonas cercanas a la
sastrería, así como los márgenes de la
carretera donde podía haber ocurrido un
accidente sin que el vehículo se viera. Para
ampliar más el campo de búsqueda, decidimos que
otros coches recorrieran las carreteras que
discurren desde Écija a ciudades vecinas por si
hubiese tomado otro camino, aunque esto lo
considerábamos, altamente improbable. Yo me quedé
con mis hijos en una primera comunión que se
celebraba en una finca de nuestra propiedad con
el fin de que no se intranquilizaran por la
ausencia de sus padres.
Sobre las dieciséis horas, uno de los asistentes
a la primera comunión puso en mi conocimiento
que existía una técnica que podía localizar la
situación en la que se encontraba un móvil
cuando recibió la última llamada, informándome
que se necesitaba autorización judicial para
ello. Inmediatamente telefoneé a mi hermano Juan
Pedro quien conducía el vehículo al que le
correspondía inspeccionar el tramo de carretera
que terminaba en Madrid. Me comunicó su
desconocimiento de esa técnica pero que intentaría
localizar al Juez de Guardia de Écija para que
la acordara. A los pocos minutos lo localizó a
través del móvil y le explicó la situación,
informándole el Sr. Juez que la técnica
efectivamente existía. Mi hermano le pidió que
esa misma tarde me dejara hacer una comparecencia
para solicitar la orden y, el Juez le comunicó
que no iba a autorizarla porque podía afectar a
la intimidad de mi marido. Mi hermano, ante la
gravedad de la situación pidió que lo acordara
declarando la diligencia secreta y destruyéndola
si mi esposo aparecía voluntariamente. La
respuesta volvió a ser negativa. El argumento
del juez era que tenía que ver los movimientos
de las cuentas, a lo que se le contestó que no
había dispuesto de cantidad alguna. Exprimiendo
las posibilidades para negarse a acordar la orden
de localización del móvil, argumentó que, tal
vez mi marido "podía tener cuentas
corrientes que yo desconociera", a lo que se
le contestó que con toda seguridad no existían
y que, en cualquier caso, si se hubiese dispuesto
de esas hipotéticas cuentas, en absoluto quería
decir que lo hubiese hecho voluntariamente.
Mientras tanto, otros amigos de mi marido
intentaban conseguir la orden a través de
miembros de la Guardia Civil de Córdoba, quienes
lo intentaron pero se les exigió autorización
judicial. Su maestro Manuel Díaz "El Cordobés"
hacía gestiones para localizarlo. Dos amigos se
trasladaron a Sevilla para reconocer a un cadaver
de sus características físicas que había
aparecido ahogado en el río Guadalquivir. Su
padre, que ahora me esta dando el mayor de los
ejemplos, acudía a pedir ayuda a las fuerzas de
orden público en numerosas ocasiones y, sus
hermanos lo buscaban desesperadamente y llamaban
a todos los números de la última factura de su
móvil que yo les facilite.
A la mañana siguiente, domingo día dieciocho, y
tras pasar una de las peores noches de mi vida,
solo podía esperar impotente que el Juez diera
la orden de localizar el móvil. Para ello, mi
hermano acudió a Comisaria y a las 10 horas y 31
minutos, puso en conocimiento de La Policía que
mi marido no se había llevado ropa, no había
sacado dinero, no se había llevado el pasaporte,
que habíamos avisado a la prensa, a los
servicios de urgencia, que habíamos realizado la
búsqueda en Madrid y, terminábamos pidiendo que
se requiriese al Juez para que diera la orden de
localizar el móvil. La respuesta de Comisaria
fue que así se haría.
Ante lo alarmante de la situación, y comprobando
que la puerta del Juzgado no se abría, mi
hermano decidió llamar nuevamente al Juez,
pedirle de nuevo la orden y, volvió a recibir
una respuesta negativa por lo que acordó
presentar un escrito, en el que dirigiéndonos
directamente al Juez lo poníamos oficialmente en
antecedente de todas las circunstancias que
sobradamente conocía y le SUPLICABAMOS, AHORA DE
MANERA OFICIAL, que diera la orden declarándola
secreta y destruyéndola si mi marido aparecía
voluntariamente. Para abrir el Juzgado y
recepcionar el escrito, acudió un funcionario,
con una actitud ejemplar, ya que ni siquiera se
encontraba de guardia.
Durante todo el domingo el Sr. Juez no ordenó
que mi marido fuera localizado a través de la
situación de su móvil; es más, ni siquiera se
presentó en el Juzgado para comprobar la
argumentación de nuestro escrito, pese a que le
constaba su presentación. Por su parte, La Policía
Nacional en Écija tampoco se lo pidió.
A la mañana siguiente, lunes 19, mi hermano
solicitó al Juez que diera la orden, a lo que le
contestó que, antes, tenían que llegar los
oficios remitidos esa misma mañana a algunos
bancos para ver si mi marido había dispuesto de
las cuentas o tenía otras; se le volvió a
insistir en que no había dispuesto de ninguna
cantidad y que si hubiese dispuesto podía haber
sido contra su voluntad. El Sr. Juez, en
presencia de dos funcionarios y un abogado, le
contestó que comprendía su nerviosismo pero que
tenía que esperar, recibiendo por respuesta que
estaba en juego la vida de un hombre y que se
llevaban más de treinta horas de retraso. El
Juez levantando la voz dijo que no aguantaba ni
un comentario más y que agradeciera el favor
personal que le había hecho abriendo el Juzgado
en domingo para recepcionar el documento; que los
Juzgados de Guardia estaban para cosas más
importantes. La respuesta de mi hermano fue que
no se le había hecho ningún favor y que nadie
le iba a impedir hacer lo comentarios que
considerase oportuno.
El Sr. Juez entró en su despacho a resolver
cuestiones que consideraba más importante que mi
petición. Mi hermano, se trasladó a la entidad
bancaria para que le entregaran el oficio que
faltaba por remitir y, a la media hora de recibir
el oficio, sobre las trece horas, se acordó la
ansiada orden con el argumento de que mi marido
no tenía dinero para hacer vida fuera de Écija
y que era posible que hubiera desaparecido
involuntariamente. Inmediatamente mi hermano puso
en mi conocimiento, y en el de varios amigos, que
la orden estaba dada. A las catorce horas del
lunes día 19 recibí una llamada de La Policía
que me informaba que había aparecido vivo, cerca
de Córdoba.
Como me temía, lo que había ocurrido desde que
mi marido salió de casa fue una las gravísimas
posibilidades que le impedían responder a mis
llamadas o llamarme para decirme donde se
encontraba.
A las cuatro treinta horas del día dieciséis de
este mes, mi marido, Antonio Pérez Pérez "
El Pere", de 39 años de edad, padre de tres
hijos de 13, 10 y 7 años, había salido de mi
casa, enamorado de la vida y lleno de salud, iba
a Madrid para volver a la hora de almorzar.
Sobre las cinco horas del día dieciséis, pocos
kilómetros antes de llegar a Córdoba, Antonio
había tenido un accidente, su vehículo se había
salido de la carretera y quedó en una cuneta con
gran pendiente y oculto por la vegetación. Como
consecuencia del choque, quedó inmovilizado
dentro del coche. A las ochenta horas de haber
ocurrido el siniestro, un ciudadano Rumano pasaba
en bicicleta por la carretera y vio, lo que le
pareció un coche, entre la maleza, a doscientos
metros había una patrulla de la Guardia Civil
con un radar controlando la velocidad, y les dio
aviso.
Los médicos que lo han atendido me han informado
que desde que ocurrió el accidente y hasta que
ingresó en el Hospital Reina Sofía de Córdoba,
su organismo sufrió el siguiente proceso:
Fruto del impacto tuvo un traumatismo torácico
que le daño el hígado, el bazo y, posiblemente,
en ese momento, sufrió las hemorragias
cerebrales que tiene. En un momento no
determinado, seguramente estando inconsciente,
vomitó y por la postura en que se encontraba
aspiro sus propios vómitos que se introdujeron
en los pulmones; el ácido clorhídrico que se
encuentra en los jugos gástricos dañó sus
pulmones que recibieron sustancias hechas para
digerir; se produjo un déficit de oxigeno en su
organismo y sufrió una bajada de tensión que
ocasionó que la afluencia de sangre a los riñones
disminuyera provocándole serios daños; los
pulmones sufrieron una neumonía y, la larga
estancia en el vehículo, le provoco hipotermia.
Cuando lo rescataron, después de estar ochenta
horas sin atención médica, su temperatura
corporal era de 34 grados, su corazón latía a
150 pulsaciones para contrarrestar la baja tensión
que era de 6. El móvil se encontraba junto a él.
No existe ninguna norma legal que impidiera haber
dado la orden de su localización desde el primer
momento que se le pidió al juez y llevaba dinero
con el que poder hacer vida fuera de Écija,
porque en la guantera había novecientos euros
para pagar los capotes.
Hoy, cuando redacto esta nota, Antonio lleva
ochenta y cuatro horas en la U.C.I. del Hospital
Reina Sofía de Córdoba, en estado de coma
profundo, respira gracias a una máquina, sus riñones
funcionan gracias a otra, según me dicen, otra
ayuda a la función hepática, no puedo contar
los catéteres que tiene en su cuerpo. Los médicos
me dicen que el estado de su organismo es catastrófico,
que no se explican como llegó con vida al
hospital, ni como sigue viviendo, están casi
seguros que los órganos dañados no recuperaran
sus funciones.
Desde el día que desapareció he vertido muchas
lagrimas, pero las más amargas son cuando a través
de los cristales lo miro en el estado en el que
se encuentra y me pregunto como estaría si se
hubiera oficiado a telefónica para que
localizaran la situación de su móvil en el
momento que se le suplicó a la única persona
del mundo que podía acordarlo, Don Emilio José
Martín Salinas Juez del Juzgado de Primera
instancia e Instrucción nº 2 de Écija. También
he llorado amargamente cuando la Guardia Civil de
Córdoba me ha informado que en ningún momento
le pidieron que rastrearan los márgenes de la
carretera para buscarlo.
A Dios quiero agradecerle que lo hayamos
encontrado y pedirle que lo deje entre nosotros,
que haga un milagro y le devuelva la salud y, si
no lo hace, que me ayude a aceptarlo. A Antonio
agradecerle su lucha, darle las gracias por su
pelea y pedirle que no se rinda, que seguro que
su esfuerzo va a merecer la pena. A los
familiares y amigos agradecerles su constante
compañía, su esfuerzo en la busca y sus ánimos,
a su maestro, Manuel Díaz, sus visitas y que me
demuestre que lo quiere como a un hermano. A los
médicos todas su atenciones y cuidados. A todos
los que están rezando por él, sus oraciones.
A quienes se puedan sentir responsable de la
tardanza en encontrarlo no puedo expresarles lo
que siento, pero quiero decirles que ni él, ni
nuestros hijos, ni nuestra familia, ni sus
amigos, ni yo, nos merecíamos ese trato.
Ruego a los medios de comunicación que se
quieran hacer eco de esta nota que hagan de ello
el uso que consideren oportuno, pero que no
utilicen expresiones o frases fuera de contexto.
A la vez les dejo ofrecida la documentación
oficial que obra en mi poder.
Córdoba a 23 de abril de 2.004.
Fdo: Consuelo de Soto Medina. |
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