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Ecijanos
Ilustres en la Historia |
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Conquistadores y militares.
* Jerónimo de Aguilar (1489-1531), conquistador de México, uno de los
primeros españoles en el Yucatán.
* Lorenzo I Suárez de Figueroa Maestre de la Orden de Santiago
(1345-1409)
* Manuel Puyou Dávila, militar (1815-1880)
Gerónimo
de Aguilar.
Gerónimo
o Jerónimo de Aguilar nació en Écija (Sevilla) en 1489, murió en 1531.
Algunas fuentes lo citan como diácono y otras como fraile.
De náufrago a prisionero de los Mayas
En
1511 un barco de la flota de Diego de Nicuesa, al mando de Pedro de
Valdivia ( no confundir con Pedro de Valdivia el conquistador de
Chile), a bordo del navío Santa María de la Barca que regresaba a la
isla La Española después de explorar la costa centroamericana, naufragó
cerca de las costas de Yucatán y algunos de sus ocupantes consiguieron
salvarse. Hubo unos veinte sobrevivientes del naufragio, entre ellos el
Capitán Valdivia, Gerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero.
Cuenta
la historia que arribaron a un poblado que dependía del cacicazgo maya
Ekab, y que abarcaba el área noreste de la península de Yucatán (donde
hoy se asientan las poblaciones Cancún, Cozumel e Isla Mujeres), fueron
tomados prisioneros y los presentaron ante el Halach Uinik o cacique de
Ekab quien decidió sacrificarlos a sus dioses. Gerónimo de Aguilar y
Gonzalo Guerrero de algún modo lograron escapar hacia la selva y fueron
nuevamente capturados por guerreros mayas y convertidos en esclavos del
cacique de Xamanhá.
Rumbo a la conquista de la Gran Tenochtitlan, Hernán Cortés oye hablar
de los náufragos
Cuando
en 1519, rumbo a la conquista de México Hernán Cortés desembarcó en
Cozumel se enteró que había en aquellas tierras náufragos españoles,
miembros de anteriores expediciones que habían sido tomados prisioneros
por los mayas.
Narra Diego López de Cogolludo en su obra Historia de Yucatán (Madrid
1688).
Con
el buen tratamiento del general Hernando Cortés, con no hacer los
españoles daño alguno á los indios, se acabaron de asegurar todos los
de la Isla, y traían buena provision de bastimentos para el ejército.
(...) Desta familiar comunicación con los indios, dice el coronista
Herrera, resultó que algunos dieron á entender que cerca de aquella
Isla en Tierra firme de Yucatan, había hombres semejantes á los
españoles con barbas, y que no eran naturales deste reino, con que tuvo
ocasión Hernando Cortés de buscarlos.
Bernal Díaz del
Castillo asigna otra causa, y dice: Que como hubiese oído el general á
los soldados que vinieron con Francisco Hernandez de Córdova, que los
indios les decían Castilan, Castilan, señalando al oriente, que llamó
al mismo Bernal Díaz y á un viscaíno llamado Martín Ramos, y les
preguntó, que si era como se decía; y respondiéndole que sí, dijo el
general, que presumía haber españoles en Yucatán, y sería bueno hacer
diligencia entre los indios.
Mandó el general llamar á los
caciques, y por lengua del indio Melchor (que ya sabia algún poco de la
castellana, y la de Cozumel (Cuzamil) es la misma que la de Yucatan) se
les preguntó si tenían noticia de ellos. Todos en una conformidad
respondieron, que habían conocido unos españoles en esta tierra, y
daban señas dellos, diciendo que unos caciques los tenían por esclavos,
y que los indios mercaderes de aquella Isla los habían hablado pocos
días había, que estarían de distancia la tierra adentro, andadura y
camino de dos soles.
Hernán Cortés envía cartas a los náufragos
Grande
fue el alegría de los españoles con esta nueva, y así les dijo el
general á los caciques que con cartas, que les daría para ellos se los
enviasen á buscar. A los que señalaron los caciques (para ir, halagó) y
dio unas camisas y cuentas, prometiendo darles más cuando volviesen.
Los caciques dijeron al general, enviase con los mensajeros rescate
para dar a los amos, cuyos esclavos eran, para que los dejasen venir, y
así se les dio de todo género de cuentas y otras cosas, y se
dispusieron los dos navíos menores con veinte ballesteros y
escopeteros, por su capitán Diego de Ordaz. Dióles orden el general que
estuviesen en la costa de Punta de Cotóch (c'otoch) aguardando ocho
días con el navío mayor, y que con el menor se le viniese á dar cuenta
de lo que hacían. Dispusose todo, y la carta que el general Cortés dio
á los indios, para que llevasen á los españoles, decía así: "Señores y
hermanos, aquí en Cozumél (Cuzamil) he sabido, que estais en poder de
un cacique detenidos. Yo os pido por merced, que luego es vengais aquí
á Cozumel (Cuzamil), que para ello envió un navío con soldados, si los
hubieredes menester, y rescate para dar á esos indios con quien estáis,
y lleva el navío de plaza ocho días para os aguardar. Veníos con toda
brevedad: de mi sereis bien mirados, y aprovechados. Yo quedo aquí en
esta isla con quinientos soldados y once navíos. En ellos voy mediante
Dios la vía de un pueblo que se dice Tabasco ó Potonchán.
Gerónimo de Aguilar se encuentra con los suyos
Los
indios que llevaron la carta del general Hernando Cortés, dentro de dos
días la dieron á un español, que se llamaba Gerónimo de Aguilar. Dicen
algunos, que no se atrevieron á dársela á él, sino á su amo, y que
receló mucho le quisiese dar licencia para irse, y que así con mucha
humildad puso todo el negocio en la voluntad de su amo; medio con que
hasta entónces se había conservado, y que con esto no solo le dio
licencia, pero que hizo le acompañasen algunos indios, y le rogó
solicitase para él la amistad de los de su nación, porque deseaba
tenerla con hombres tan valerosos. Pero Bernal Diaz afirma, que al
Gerónimo de Aguilar se dio la carta y rescates, y que habiéndola leído
se holgó mucho (bien se deja entender el grado en que seria) y que fue
á su amo con ella, y los rescates para que le diese la licencia, la
cual luego dio para que se fuese donde tuviese gusto. Gerónimo Aguilar
habida licencia de su amo, fue en busca de otro compañero suyo llamado
Gonzalo Guerrero y le enseñó la carta, y dijo lo que pasaba.
Dice
Bernal Díaz del Castillo en su crónica Historia Verdadera de la
Conquista de la Nueva España que a Gerónimo de Aguilar le respondió
Gonzalo Guerrero: "Hermano Aguilar, yo soy casado y tengo tres hijos.
Tienenme por cacique y capitán, cuando hay guerras, la cara tengo
labrada, y horadadas las orejas que dirán de mi esos españoles, si me
ven ir de este modo? Idos vos con Dios, que ya véis que estos mis
hijitos son bonitos, y dadme por vida vuestra de esas cuentas verdes
que traéis, para darles, y diré, que mis hermanos me las envían de mi
tierra."
Cuando volvieron á arribar á Cozumel (Cuzamil) los
navíos, supólo luego Gerónimo de Aguilar, y trató con priesa de ir á
alcanzarlos. Pagó con las cuentas verdes del rescate que le enviaron, y
seis indios remeros que en breve tiempo (por no ser más de cuatro
leguas la travesía) pasaron de la banda de Tierra firme á la playa de
la isla, aunque por la violencia de las corrientes descayeron algo del
puerto á donde iban á parar. Habían salido unos soldados á caza de
puercos monteses, de los que tienen el ombligo arriba en el espinazo;
dijeron al general como habían visto, que de la parte de Cabo de Cotoch
atravesó una canoa grande á la Isla, y que la gente de ella junto al
pueblo.
Mandó el general al capitán Andrés de Tapia, que con
otros dos soldados fuese á reconocer que novedad era aquella. Viendo
los indios remeros ir los españoles para ellos, quisierónse tomar á
embarcar, pero Aguilar los sosegó, diciéndoles, que no tuviesen miedo,
que eran sus hermanos. Como el español venía de la misma forma que los
indios, envió á decir el capitán Andres de Tápia al general Cortés, que
siete indios eran los que habían llegado en la canoa; pero luego que
sajieron á tierra, el español dijo (mal mascado y peor pronunciado,
como dice Bernal Diaz) Dios, é Santa Maria y Sevilla. El capitán Andres
de Tápia luego que fue á abrazarle, y el otro soldado á gran priesa á
pedir albricias al general por la buena nueva de la llegada del
español, que también luego se fue con el capitán Tápia para donde
estaba Cortés.
Los españoles que los encontraban,
preguntaban al capitán Tapia por el español; ¿pero que tal venía él,
para que le conociesen, aunque estaba presente? De su natural color era
moreno, venía tresquilado como un indio esclavo, traía un remo al
hombro, una ruin manta, sus partes verendas cubiertas con un paño á
modo de braguero, que los indios usan y llaman Puyut, y en la manta un
bulto, que después se vio eran horas muy viejas, y con este arreo llegó
á la presencia del general Cortés que también preguntó al capitán Tapia
por el español Gerónimo de Aguilar, que se había puesto en cuclillas,
como los otros indios, entendiendo al general, dijo: Yo soy; y luego
Cortés le mandó vestir camisa y jubón, y unos calzones, y calzar unos
alpargates, y le dieron para cubrirle la cabeza una montera, que por
entonces no se le pudo dar otros vestidos.
Epílogo
Gerónimo
de Aguilar partió con Hernán Cortés a la Conquista de México en la que
le sirvió de intérprete o traductor puesto que hablaba la lengua maya,
y junto con La Malinche que hablaba las lenguas maya y náhuatl, Hernán
Cortés pudo comunicarse con Mayas y Aztecas mediante la triangulación
de tres lenguas, del idioma español al idioma maya (por medio de
Gerónimo de Aguilar) y del idioma maya al idioma náhuatl (por medio de
La Malinche) y viceversa.
Murió en 1531 cerca del río Pánuco, se ignora el lugar en donde fue
sepultado.
Lorenzo
I Suárez de Figueroa.
Lorenzo
I Suárez de Figueroa (1345-1409) fue Maestre de la Orden de Santiago y
el primer miembro de la familia que se vincula a la Baja Extremadura.
Era hijo de Gomes Suárez de Figueroa, un segundón, caballero
santiaguista que llegó a Comendador Mayor de León y de Teresa López de
Córdoba, señora de la Torre de Monturque.
Según los
genealogistas, habría nacido en Galicia en 1344, pero parece más cierto
que naciera en 1345 en Écija. Se casó con Isabel Mexia y con María
Catalina de Orozco. Con la primera tuvo dos hijos: Gomes Suárez de
Figueroa y Leonor Suárez de Figueroa.
Poco a poco se fue
labrando un puesto relevante dentro de la orden de Santiago: Comendador
de las Encomiendas de Lobón, Mérida y de la Mayor de León, como su
padre, y en 1387 alcanzaba la dignidad de Maestre de Santiago, uno de
los puestos más importantes del Reino de Castilla. Consiguió bula del
Papa Clemente VII para dejar la mitad de los bienes ganados durante su
liderazgo a su hijo Gomes, el I Señor de Feria.
Al ser
residente habitual de Llerena consigue para la población la licencia
para celebrar las ferias de San Mateo el 21 de septiembre, construye la
capilla de la Trinidad en la iglesia de la Granada, los bastimentos y
termina el edificio destinado a Casa Maestral o el convento de Santa
Elena.
En la torre del homenaje del castillo de Estepa
(Sevilla) se encuentra la siguiente inscripción: "Esta torre mando
facer Lorenzo Suarez de Figueroa, Maestre de Santiago. Quien quiera
saber lo que costó, faga otra como ella y saberlo ha". Todavía en esta
población sevillana habitan descendientes del trigésimo segundo maestre
de la Orden de Santiago.
Fue maestre desde el año 1387 hasta
el año 1409. Muere el 9 de mayo de 1409 en Ocaña. Los restos mortales
de Lorenzo I Suárez de Figueroa se hallan en el Panteón de Sevillanos
Ilustres en la Iglesia de la Anunciación (Sevilla); con anterioridad
reposaron en el Monasterio de Santiago de la Espada de Sevilla,
monasterio fundado por él en 1405, hasta su desamortización en 1840.
Manuel
Puyou Dávila.
Manuel Puyou Dávila (n. Écija 1815, m. 1 de abril de 1880 en Vega
Grande, Guantánamo Cuba) fue un militar español.
Trayectoria
Ingresó en la marina en 1864 en el oficio de alférez y estuvo destacado
en Santo Domingo.
Con los honores de teniente marchó a Cuba para apaciguar la
insurrección de Yara.
Ayudante
del brigadier Suances peleó contra el ejército sublevado del general
Pueyo, merced a lo cual se le otorgó el grado de capitán.
Volvió
a España en la guerra civil para luchar en la región norte, cuyos
méritos en la batalla de San Pedro Abanto le merecieron el título de
comandante. Posteriormente en Cantavieja recibió los honores de
teniente coronel, y ascendió a coronel al final de la contienda.
Pasó
a Cuba como jefe de zona militar y en noviembre de 1879 fue trasladado
a las Antillas con el cargo de jefe de columna en Guantánamo, donde
llevó a cabo una hazaña en la defensa de la Loma de la Doncella el 28
de marzo de 1880, donde combatió heroicamente durante 3 días al frente
de 162 hombres sin víveres, municiones, ni agua, enfrentándose a una
fuerza que les triplicaba. Se le otorgó la cruz laureada de San
Fernando, junto a una pensión de 2.000 pesetas.
En su honor existe un subgrupo táctico de la Infantería de Marina
llamado 'Puyou Dávila'.
Referencias
*
Crónica de las promociones del Cuerpo de Infantería de Marina 1537 –
1990. Antonio Sánchez Pastor. Editorial Naval, C/ Montalbán nº 2.
Madrid - 28.071. Imprenta del Servicio de Publicaciones de la Armada.
Madrid. España, 1991. ISBN: 84-7341-065-3
* Efemérides del Cuerpo de Infantería de Marina. D. José González
Barba. Sin ISBN.
* Historia de la Infantería de Marina española. Rivas Fabal. Imprenta
del Ministerio de Marina. Madrid. España, 1967. Sin ISBN.
* Enciclopedia Espasa, tomo 48
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